Restaurante. Casa Botha: calidad y cariño en Ruta 68
Desde Santiago se debe pasar el peaje Casablanca y estar atento a los grandes letreros color café que anuncian el acceso a viñas Morandé y Quintay (desde la costa el tramo parte antes del cruce hacia Algarrobo y es bastante más intrincado). Una vez en la caletera, se puede avanzar rodando de manera más tranquila por el asfalto, aprovechando de apreciar la moderna visual de las bodegas instaladas a la vera del camino, muchas de ellas responsables de que el valle sea reconocido como un hito internacional en eso de elaborar vinos de clima frío. Pasada la moderna caja gris que es la bodega de viña Quintay, aparece una Casa Botha.

Si un italiano que sabe cocinar dice "tengo pescado del día", créanle. El congrio a la plancha apareció impecable en su frescura. Terso y sabroso. Sólo unas cuantas papas con salsita y listo. Nada más. El canon peninsular así lo manda.
La historia: un sudafricano y su esposa italiana instalaron un comedor de carretera (que es también venta de productos de la zona, artesanías varias y obras de arte), como quien desea aislarse de su respectivo mundo, romper con el pasado, para encontrarse en este sitio lejano y cómodo donde ambos cumplen un rol bien definido. El, el anfitrión de español a media lengua –en realidad, un cuarto de lengua-; ella, silente en la cocina y concentrada en un menú donde partieron con pasta a la italiana y ahora prosiguen con carnes y pescados, siempre con el espíritu de la bota por delante.

A esta Lasaña de osobuco le cabe sólo un apelativo: sobrenatural. Pasta fresca de grosor justo, que encerraba una carne de concentración tremenda. Da lo mismo que sea invierno o verano, es adictiva.
Suele pasar que las recetas italianas preparadas con productos chilenos de primera, pueden transportar Chile a Europa. La primera visita realizada a este lugar hace algunos meses, no dejaba tan clara esa idea; en esta oportunidad no hubo dudas. La frescura del pescado hizo tremendo juego con carnes de sabores reconcentrados, antipastos de cuidada calidad y comedidos en porciones, que ayudaron a darle frescura y buen sabor a una tarde tórrida como las que abundan en Casablanca a inicios de verano. Aparte cuenta con una lista de vinos y cervezas generosa y variada, que ayuda aún más a eso de salivar mientras se esperan con paciencia los platos (ojo, no es para apurones). Para la marea que va de viaje hacia la costa por estos días, si la hora de almuerzo los pilla cerca de Botha y su particular mundo propio, vale la pena una parada para conocerlo.
Ruta 68, Km. 63 (por caletera), valle de Casablanca. Tel. (07) 431 2040.

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