Del recetario Fosis y la cocina chilena bien hecha (o al menos bien editada)

16 Abr 2013 by Carlos Reyes M., 3 Comments »

 

Dejo a los especialistas en diseño comentar la propuesta gráfica

“Recetas para ahorrar y saborear a la chilena”. En el fondo fue bueno que apareciera el recetario del Fosis y que se generara tanta polémica y trolleo. Quieran o no las ideologías de turno, la alimentación general es cuestión de Estado y vale la pena ponerle el foco a una iniciativa pública que a la luz de este recetario, se trata con desdén. La intención es la que vale, deben haber pensando en el gobierno: editar un texto para que personas de bajos ingresos –o extraordinariamente ahorrativas- tuvieran acceso a un menú variado y con algo de sabor. Y vino lo de siempre: el ministro Lavín intentando lucirse firmando para las cámaras, un día antes de la celebración del Día de la Cocina Chilena (¿Aló, divorcio del poder frente a la ciudadanía?), celebrando la edición de apenas 10 mil ejemplares de una veintena de páginas cada uno. Vale decir, un alcance mínimo, simbólico. Eso, pensando en el masivo público objetivo al que debería llegar el mensaje y que no tiene acceso fluido a Internet (se puede descargar aquí). Pero ah, claro, el manual del político estándar dice: aunque sea un pastiche, preséntese como una gran obra.

Ok, juguemos que el folleto es una gran obra, o al menos precisa en la mayoría de sus tópicos. Y es ahí donde las preguntas se suceden y se suceden. ¿Vale en realidad $ 2.000 cada plato en promedio? ¿Cuánto costarán los repollitos de Bruselas fuera de temporada? ¿Cuánto gasto de energía implica cocinar una olla con porotos viejos? ¿Habrán contabilizado la cuenta del gas en ese mentado presupuesto? ¿Porotos viejos o granados? ¿Fuego alto, bajo o medio? ¿Cómo tengo que hacer un caldo de verduras? ¿Sabrá el destinatario principal del folleto lo que significa sofreír, reservar, rectificar la sazón? ¿Le gustará a la gente tomar sopa fría como los españoles, al publicar un gazpacho como parte de la cocina chilena? ¿La gente está acostumbrada a asociar el membrillo con recetas de platos salados? ¿No será muy aspiracional ponerle fricassé a un plato de menos de dos lucas? Mucho queda por explicar en un trabajo que a la luz de cualquier análisis serio, es una “obra” con serios yerros de edición y enfoque (*).

Un recetario, en esencia, es un manual de buenas prácticas. Un mapa para llegar –como todo mapa- a un destino determinado. Entonces, uno hecho a la rápida por mal editado (desde poner ingredientes en la preparación que no están en la lista inmediatamente superior, hasta errores ortográficos) no sirve. Sobre todo si se presenta descontextualizado de ciertos saberes transversales para todos chilenos (por ejemplo el membrillo en platos salados, por mucho que se coma con sal en el colegio), sin considerar la estacionalidad de ciertos productos (¿un tomate en invierno a qué precio se consigue?), junto con despotenciar de manera tangencial el acervo cultural chileno (¿Qué diablos es eso de Porotos sin Riendas?).

¿Qué se podría hacer en casos como este? A la hora de las propuestas, una introducción dando a conocer el por qué del recetario. Un par de parrafitos nomás bastan para darle contexto a esta lista de opciones. También es importante entregar -descrito de la manera más sencilla posible- consejos más allá de la mera receta, para llegar a buen puerto con un plato y que en efecto sea rico. Vale decir, la fritura se hace de tal manera, la cocción de las verduras a tanto para que no se pasen (el eterno mal de la cocina latinoamericana); qué significa cocinar desde agua fría, desde agua caliente, para qué sirve cortar la cocción de vegetales, entre muchos otros tópicos. También -y puede ser al final, por qué no- un GLOSARIO que permita identificar las técnicas culinarias más elementales, con medidas adaptadas a la realidad casera (200 grs. de harina son iguales a una taza, por ejemplo). Otrosí: junto a cada receta, la disponibilidad de insumos en relación a la estación del año. Por ahí, quizá, nos estemos entendiendo y aportemos más allá de la propaganda (¿electoral?) que el político estándar trata de imponer en la soñolienta pauta periodística dominguera.

Ok, ok, soy general después de la batalla, pero con un secreto objetivo. Una receta, si se quiere: que el ministro tome conciencia de ese remedo impreso en papel, que luego recule, después le saque trote a sus asesores de contenidos, contrate uno o más diarios de circulación nacional -y de corte popular- para sacar una segunda edición decente. Porque en el fondo hay recetas de buen nivel, no sólo para ser asignadas –si es que cabe el término- a un segmento sociocultural. Un Budín de pescado enlatado, uno de berenjenas, un Puré de porotos o el Salpicón dan ganas de ponerlos en la mesa de cualquier casa, o al menos en la mía. Es cosa de saber cómo llegar con un mensaje digno a quien lo necesita.

(*) Quien suscribe posee experiencia como editor de revistas de cocina de circulación nacional.

3 Comments

  1. Pachi Araya dice:

    Muy de acuerdo!, a mi juicio la publicación tiene errores editoriales, gastronómicos, nutricionales y principalmente sociales.

    Ese libro,con todos esos detalles existe, es el libro de Mariana Bravo Walker ¿Que hubiera dicho ella de esta publicación??

    • Carlos Reyes M. dice:

      Ese libro es excelente. Lo que me gustaría respecto a esa obra es que se reeditara. Lo publican sin cambiarle una coma desde 1967.

  2. Andrea dice:

    Coincido con Panchi Araya, el libro de Mariana Bravo es mi Biblia, es una obra maestra de todo lo que expones, aporta información nutricional, te explica los cortes de carne, las muchas formas de hacer pan o un queque, cómo las salsas pueden dar más contundencia a un plato, etc. Quizás es hora de la reedición como dices. Saludos!

Deja tu comentario

(Requerido)


− 1 = 1

Follow Me!

Follow Me! Follow Me! Follow Me! Follow Me!