Visual: nuestra carne de cada día

28 Sep 2013 by Carlos Reyes M., No Comments »

Estamos demasiado acostumbrados a pensar y sentir la carne desde ese trozo rojizo, empaquetado sobre una bandeja,  cubierto de plástico y barras de código, en un compartimiento refrigerado frente a la sección panadería de cualquier supermercado. A lo sumo los proveedores de aquellos trozos apetitosos, aparecen desde la comodidad de una feria de Fiesta Patria o en esas granjas criadas para que los niños de ciudad intuyan que esos seres vivos existen, se mueven y huelen a algo que no es ciudad. Es natural, en todo caso. La transición entre el rumiante y su destino, ser nuestro alimento, se realiza lejos de los ojos del gran público, quizás demasiado sensibilizado como para tolerar lo que ocurre a diario en una planta de faena cárnica, lugar donde la matanza está bien lejana a cualquier ritual. Se trata ni más ni menos que una limpia y eficiente industria de sacrificio, visada por funcionarios públicos y empaquetada tal como la modernidad lo requiere. Entonces, ser testigo de aquella faena, sintiendo el calor que aún emanan los grandes vacunos en contraste con la necesaria frialdad de un frigorífico, es una oportunidad única para recordar que la muerte suele ser nuestra anónima aliada a la hora de comer.

 

 

 

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